Crecimiento Emocional como vía para incidir en la Violencia de Género

Después de ubicar las raíces de la violencia de género en las formas patriarcales de lo masculino y femenino, y si entendemos que la construcción y prácticas de género es violencia creada, organizada, sostenida, reproducida y  aceptada,  entonces para incidir en la violencia de género hay que intervenir en todos los patrones culturales que sostienen al patriarcado. Y esto es profundamente político y revolucionario.

 

Violencia 1-TribunainterpretativacomLa violencia de género y el patriarcado: asignando responsabilidades

La violencia de género no es una enfermedad física o biológica, aunque tiene dolorosas y trágicas consecuencia incluyendo la muerte. La violencia de género es una mortal enfermedad, social y cultural. Más aun, como enfermedad socio cultural, expresa una profunda crisis de lo subjetivo, de la emocionalidad y de valores en el mundo actual.  Indudablemente, la violencia contra las niñas y las mujeres es un buen indicador de los niveles de descomposición social y de los aspectos afectivos en que vive una sociedad, en que vive un país.

La construcción social y  cultural del género, de lo masculino y femenino, engendran, producen y reproducen profundas desigualdades, en los roles sociales, en las expectativas morales, y en la calidad de vida.   La mujer/feminidad se construye desde el espacio de dependencia económica y emocional, es sumisa, pura, santa, maternal, débil y emocional, fiel.   No obstante, es la responsable por la esfera doméstica y la familia.  El hombre/masculinidad se construye desde el espacio de jefe de la casa, se nombra como superior físico e intelectual, proveedor y existe desde un espacio de dependencia emocional y personal.  Es desde esos espacios y marcos que se construye lo que es ser niña/ mujer, lo que es ser niño/hombre. (Otero, 2009)

¿Por qué  la construcción socio-cultural de género engendra violencia?  La  relación de desigualdad y poder entre los géneros se expresan en tensión, coerción, autoritarismo, prepotencia, sumisión, resentimiento, humillación y violencia. La niña o mujer se resiste, reacciona cuestionando, retando, pues la sumisión no siempre es total y los niños u hombres reaccionan para mantener a las niñas o mujeres en sus lugares como propiedad y como objetos de disfrute.  Es una constante lucha de acción y reacción, de rebeldía y supresión. La vida cotidiana  es una lucha por dominio y poder, es una constante lucha entre la autogestión de las mujeres y el machismo por parte de los hombres. En otras palabras, la construcción y prácticas de género es violencia creada, organizada, sostenida, reproducida y  en muchos casos, aceptada.

El hombre asume el control político, social, cultural, incluyendo lo personal y privado.   Esta imposición violenta es organizada a través de instituciones y costumbres sociales como, el matrimonio, el trabajo doméstico y la división del trabajo por sexo, la doble moral,  la vulgarización y comercialización del cuerpo de las niñas y mujeres, a través del constante hostigamiento y sexualización del cuerpo de las niñas y mujeres en la calle y en el hogar, del constante deseo de poseer y controlar el cuerpo de la mujer, de controlar sus sentimientos y a través de desiguales oportunidades de empleo.  Los anteriores  son algunos ejemplos de cómo se viabiliza y se vive el control y poder del hombre o masculinidad en la vida cotidiana.

Las prácticas y formas de vida, basadas en lo masculino y femenino, son un terrible mal social y cultural. La  cultura machista genera y se proyecta en un sin número de formas y costumbres de vida, las cuales son, autoritarias, denigrantes  y terriblemente violentas.  La violencia de género con todas sus expresiones es una deshumanizante manera de vivir la vida.

La violencia del patriarcado y su impacto en la emocionalidad

Las cicatrices físicas son evidentes, el moretón en los brazos, los ojos morados, cicatrices, marcas de cortes, mutilación, marca de la perforación de la bala o la marca de una herida, son cicatrices que nos acompañarán por toda la vida. La humillación y el dolor de exponer esas cicatrices, exponiendo así nuestro secreto.  Soy víctima de violencia o he sido víctima de violencia, nos acompañarán por el resto de nuestras vidas. El dolor de sentir que la persona que amamos  nos maltrata de esa forma, el sentimiento terrible de la desesperación y el trauma. Esas cicatrices físicas y emocionales aunque estén ya sanas seguirán doliendo por el resto de nuestras vidas.  Se sentirán como si nunca hubieran sanado. Aunque físicamente parezcan sanadas, todas sabemos que no es así.

Violencia 3

Hablemos de las cicatrices que no son físicas; esas son más difíciles de ver porque no son evidentes, no son vistas tan claramente.  Por ejemplo, la acumulación del hostigamiento, del abuso, la violencia sin consecuencias para el abusador crea una cultura, una sociedad inmune, insensible a esos males. A su vez, esta acumulación  crea una actitud de dejar pasar, de tolerar, de excusar hasta el punto que se acepta la violencia.

Peor aún, una se siente expuesta, saturada del abuso y de la violencia socialmente tolerada. Inconscientemente o no tan inconscientemente, aceptamos y decidimos vivir rodeadas de esa violencia.  Así, algunas de nosotras comenzamos a ver esta realidad como normal.  La normalización de la violencia tiene serias consecuencias psicológicas, de miedo, de dolor emocional, incertidumbre, sentimiento de rechazo,  ansiedad y pesadillas; el constante temor al asalto, el temor a la muerte.

La constante exposición a los piropos, al hostigamiento, a la  manera en que se nos mira, se nos habla, el paternalismo  al  que se nos somete, el lenguaje al que se nos obliga a escuchar los “mamacitas“, los “mi amorcitos“, no deseados o pedidos, el  acoso constante del abuso verbal, emocional y físico;  esa sistemática exposición a la violencia  deja una cicatriz invisible y fatal, la aceptación.

 

La aceptación y el sometimiento a la violencia o abuso por parte de las mujeres es una cicatriz invisible. Nos adaptamos, nos sometemos a la constante humillación.  Tolerar la violencia, tolerar  el aprendizaje y aceptación de la inferioridad social, intelectual, física, sexual y moral,  es una profunda cicatriz. Es más profundo y doloroso aún, pues terminamos pensando que lo merecemos, que lo buscamos, y que no hay otra forma de vivir la vida sino con abuso y violencia.

Pero si nos resistimos a aceptarlo como inevitable, somos doblemente violentadas porque es difícil y solitario el intento de no adaptarse, de no aceptar la violencia.  No siempre encontramos los apoyos necesarios.  El estado, lo cultural y lo social. generalmente son cómplices  al no detener este terror y no intervenir muchas veces aludiendo que el asunto es personal, que no intervendrán en cosas de familia. Esa actitud es complicidad. A veces nos encontramos que las personas más cercanas a nosotras ya se han adaptado a la violencia y nos piden que seamos tolerantes, que podría ser peor.

Es más grave, pues son precisamente el estado, la cultura, los patrones sociales y las instituciones creadas para promover y proteger al  patriarcado y la vida cotidiana desde las formas de género. Así las mujeres perdemos toda esperanza de vivir en paz,  de ser reconocidas y visibles como mujeres, y de ser tratadas como otro ser humano, no como un objeto, no como una posesión o una mercancía.

Violencia 2Así pues, la cicatriz mayor viene del sometimiento diario a estas desigualdades, viene de la humillación constante, de la imposición de una experiencia de vida inferior. Esta violenta imposición de una cultura de género -a través de prácticas religiosas, educativas, familiares, sexuales- nos deja enormes visibles e invisibles cicatrices.  Lo peligroso y grave de estas cicatrices invisibles es que obscurecen y ocultan  el verdadero impacto que estas violencias tienen en la mujer y en la sociedad.

Aunque somos las mujeres las que por siglos hemos llevado a cuestas el peso del patriarcado,  no hay duda que los hombres aunque no lo vean o sientan de igual manera también son afectados por tal violencia y vemos que el patriarcado les está pasando la factura a los hombres. Cada día es más evidente la incapacidad de los hombres para responder adecuadamente a situaciones difíciles y de tensión y es incuestionable que, con más frecuencia  la manera de responder a sus frustraciones es a través del abuso y la violencia. El alto número de suicidios de hombres podría indicar que el hombre está alcanzando sus límites emocionales y no encuentra otra salida a su incapacidad emocional y personal. (Herrera, 2014)

La realidad es que vivimos en sociedades que reflejan un alarmante y peligroso estancamiento emocional,  psicológico y de madurez personal.  Particularmente los hombres, no saben cómo responder apropiadamente a situaciones emocionales y viven con una dolorosa ausencia de intimidad y ternura en sus vidas. Todas y todos vivimos la vida en constante conflicto y tensión pues somos incapaces de responder a las diferencias y contradicciones con las que nos enfrentamos diariamente con madurez y respeto.

El arte de conversar se ha perdido en un mar repleto de competencia y  la capacidad para el dialogo se ha extraviado en el afán de probar que eres el/la que “sabes” y siempre estamos en lo correcto, siempre tenemos la razón y nunca nos equivocamos, y sobre todo generalmente pensamos que lo que es ‘importante” en las interacciones personales es el ejercicio de poder y control.  (McNanee & Gergen, 1992)

La creatividad social, la bondad, la reciprocidad y el desprendimiento como formas y medios de relacionarnos y de intercambio diario se han perdido por razones de explotación social, económica, racial, y cultural -razón de vida del patriarcado-,  o realmente en nuestras sociedades modernas nunca han sido el pilar social o cultural,  y a consecuencia, lo poco humano/humanista que nos queda se está sustituyendo con la arrogancia, el egoísmo y  con el cruel distanciamiento e indiferencia a las profundas desigualdades que cada día son más devastadoras y violentas.

El mundo actual esta no solo construido sobre unas bases materiales terriblemente injustas, desiguales, e insuficientes para garantizar la vida y el buen vivir para todos y todas por igual, sino que también  está montado sobre una seria crisis subjetiva y emocional. La violencia, la pobreza, la destrucción del ambiente, las injusticias sociales, el racismo, la homofobia, el machismo y la subyugación de la mujer,  son expresiones y el resultado no solo de las estructuras económicas, político sociales y de las condiciones materiales super estructurales,  sino que también expresan y resultan de la deformación emocional subjetiva.  Sobre todo resultan,  en un mayor distanciamiento de nuestras raíces humanistas.

Esta abrumadora y negativa realidad subjetiva ha paralizado nuestro crecimiento  humanista. Cada día que pasa vemos más claramente  que una cosa es proclamar de forma que hay que terminar la violencia de género y otra es el mirarse por dentro y mirar detalladamente  nuestros alrededores, nuestras vidas privadas y públicas y reconocer, y sobre todo, exponer nuestra participación de alguna u otra forma en este terrorismo machista. Cada día que pasa nos damos cuenta de nuestras limitaciones o incapacidad de responder y solucionar  los problemas que como seres humanos estamos enfrentando. Nuestras individuales y colectivas limitaciones subjetivas y emocionales, están dolorosamente tocando un peligroso fondo.

El crecimiento emocional es la única manera de seriamente incidir en la violencia de género   

Aquí es donde preguntas sobre la caracterización del patriarcado y son preguntas  aún más relevantes porque nos orientan en la búsqueda de las metodologías para incidir en la violencia de género. Hay un debate entre feministas sobre la caracterización del patriarcado y sus roles sociales. Algunas feministas piensan que el patriarcado es un modo de producción,  por ende una clara estructura económica. Otras feministas piensan que es una estructura social con elementos económicos. (Fontenia, 2008)

Pero en lo que todas están de acuerdo es que el patriarcado es una invisible estructura social que determina los aspectos subjetivos y culturales de la sociedad, regulando los patrones de relacionalidad y vida cotidiana. El patriarcado como estructura social produce y depende de instituciones sociales para su supervivencia, y estas instituciones se desencadenan a través de los sistemas de relaciones y formas de vida,  y éstas  a la vez garantizan el sostenimiento del patriarcado.  De manera que para transformar los aspectos subjetivos y culturales hay que jamaquear profundamente a la sociedad, al patriarcado, para así transformar los patrones y formas de vida basados en la desigualdad de género. Estos jamaqueos estructurales y culturales ameritan metodologías arrolladoras que puedan transformar siglos de cultura y costumbres y de paso recrear las fuentes y formas de poder profundamente enraizadas en los valores y en las instituciones sociales.

¿Cómo vamos a jamaquear a la sociedad  para poner sobre la mesa, exponer, los patrones culturales que producen y reproducen la violencia?;

¿ Cómo vamos a transformarnos individual y colectivamente para asumir responsabilidad y reiniciar un proceso de construir una sociedad sin violencia de género?;

¿Cómo vamos a responder a las horribles realidades de violencia contra la mujer y las niñas?;

¿Cuáles son las herramientas necesarias en este proceso de transformación de las esferas subjetivas de la sociedad?

 

Aquí es en donde nos enfrentamos al carácter político de esta violencia. Pues, como mencionaba en párrafos anteriores,  después de ubicar las raíces de la violencia de género en las formas patriarcales de lo masculino y femenino, y si entendemos que la construcción y prácticas de género es violencia creada, organizada, sostenida, reproducida y  aceptada,  entonces para incidir en la violencia de género hay que intervenir en todos los patrones culturales que sostienen al patriarcado. Y esto es profundamente político y revolucionario. Pero sucede que intervenir en los patrones culturales es también profundamente psicológico,  pues el patriarcado y las formas machistas que genera,  está  montado en los aspectos culturales, psicológicos y subjetivos de la sociedad. De manera que hay que descubrir y trabajar metodologías que incidan en los aspectos de las esferas subjetivas, políticas y psicológicas de la sociedad y por ende de los individuos.

Me gustaría proponerles una salida positiva de optimismo y esperanza. Aunque es evidente la gran habilidad que tienen los seres humanos para la violencia y la destrucción, la violencia de género es sólo una de las formas que esta capacidad se expresa; hay también incontables posibilidades de transformación y crecimiento humano positivo. Recientemente, se han hecho una serie de descubrimientos sobre la capacidad que tienen los seres humanos para la transformación y desarrollo positivo en sus vidas personales y en sus comunidades. (Newman & Holzman, 1996,2003)

Estos relevantes y poderosos descubrimientos apuntan a la extraordinaria capacidad de los seres humanos para crear metodologías positivas que generan crecimiento personal y social. En particular,  los seres humanos tenemos la capacidad  para transformar totalidades, todo lo que es, todo lo que existe, lo material y lo subjetivo. Me gustaría proponerles que le apostemos a esa capacidad  de  transformación  emocional social e individual.

¿Cómo los seres humanos ejercitan esa capacidad de transformación y desarrollo? Construyendo las herramientas necesarias que producen crecimiento y desarrollo. No todas las herramientas que los seres humanos somos capaces de construir producen desarrollo y crecimiento. Estas herramientas son de un tipo bien particular,  son herramientas  inseparables de su producto/resultado. No son herramientas que se diseñan y luego se implementan, son herramientas que van descubriéndose según se van construyendo y según van creando desarrollo. Son herramienta y producto a la misma vez.  Las herramientas que producen desarrollo son inseparables de nuestra práctica  de ir transformando las circunstancias a la vez que vamos transformándonos.  Estas herramientas no se pueden construir en la oficina del planificador o del trabajador social. Son herramientas que continuamente se producen social y participativamente, transformando lo que es, creando desarrollo.  Estas son herramientas cualitativamente distintas. (Holzman, 2015)

Todo  a nuestro alrededor, lo objetivo y lo subjetivo, es el fruto del trabajo y la actividad humana. Pues si somos los creadores de lo que es, entonces, también es posible iniciar procesos sociales para recrear y transformar la sociedad y los patrones culturales que la guían. Es esa extraordinaria capacidad de los seres humanos de construir herramientas que transforman  totalidades, lo que permite  y hace posible el desarrollo humano.  Tenemos la capacidad de cambiar las circunstancias de la vida, cambiar  cómo nos organizamos,  cómo nos relacionamos con otros,  con nosotros mismos, y de cómo construimos al mundo que nos rodea, el mundo en que vivimos.

¿Cómo podemos entonces incidir en la violencia de género y transformarla?

Si tenemos esa extraordinaria habilidad de transformar el mundo, ¿cómo podemos entonces incidir en la violencia de género y transformarla?  Este descubrimiento apunta  hacia un descubrimiento aún más revelador:  los seres humanos tenemos la capacidad de transformar al mundo según nos vamos transformando a nosotros mismos y este proceso de transformar al mundo e ir transformándonos es  un mismo proceso de desarrollo.  Así, los seres humanos a través de la actividad humana de transformar totalidades, vamos transformando al mundo y transformándonos a la vez.  Así vamos, en un mismo proceso social y creativo, construyendo herramientas, construyendo la sociedad y  a la vez construyendo quienes somos individual y colectivamente. (Newman & Holzman, 2003)

Violencia 4Maravillosa capacidad, esa de ser creadores de herramientas las cuales nos permitan abolir y transformar al mundo en que vivimos a la vez que vamos transformándonos como individuos. Entonces, podemos así abolir el patriarcado por medio de la transformación continua de las prácticas o formas de vidas actuales  en nuevas formas de vida en donde la semilla de la violencia no germine. Podemos socialmente, crear el poder para crear nuevas formas de vida, nuevas formas de ser, podemos crear crecimiento, incluyendo crecimiento emocional.

El reto para las personas interesadas en la transformación de la sociedad patriarcal entonces es,  ¿cómo vamos a  maximizar esta capacidad de transformación  de manera que nuestra subjetividad y emocionalidad vaya transformándose, creciendo,  y así ir  substituyendo las viejas formas de vida por nuevas y así ir reconstruyendo hacia  una nueva sociedad? Es aquí donde recientes estudios y descubrimientos sobre cómo podemos construir ambientes y contextos en donde desarrollo emocional es posible, son útiles. (Holzman & Méndez, 2003)

De este marco teórico se concluye, que el ser humano tiene capacidad para el crecimiento y desarrollo a lo largo de su vida no importa edad, ni clase, ni raza. En otras palabras, todos los seres humanos tenemos la capacidad  de, a lo largo en nuestras vidas,  transformarnos, de crecer según vamos cambiando nuestras circunstancias, el mundo que nos rodea.  (Holzman, 2013)

Necesitamos maximizar ese potencial, tenemos que proliferar la construcción de ambientes y contextos para potenciar esa cualidad humana, la capacidad para el continuo crecimiento emocional. Tenemos la cualidad, ahora tenemos que socialmente construir las herramientas para transformar y crecer. Para desarrollarnos y aprender a construir espacios, contextos, comunidades, mundos más justos, igualitarios y pacíficos.

En específico sugiero que hay necesidad de construir las herramientas, los ambientes y espacios de desarrollo y crecimiento en tres principales vertientes.

Primero, en la transformación y crecimiento emocional del hombre; esta transformación  conlleva un profundo proceso de mirarse bien en el espejo y tomar la responsabilidad de las formas machistas que caracterizan sus relaciones personales y públicas, esto implica un proceso de ceder poder y apoyar a la mujer en el proceso de instituirse en el poder como igual al hombre.

Segundo, en el emprendimiento de  un proceso de crecimiento emocional y político para la mujer, para así mejor responder y enfrentarse a una sociedad profundamente misógina, a la vez que va asumiendo la fuerza y el poder para negociar su liderato y autogestión.

Tercero, en el proceso que permita a la sociedad (colectivamente) asumir la responsabilidad de potenciar, proliferar y apoyar estos procesos de crecimiento emocional, reconociendo que el patriarcado produce seres incompletos  y subdesarrollados emocionalmente. Estos aspectos deben de ser parte estratégica en cualquier esfuerzo para incidir en las formas patriarcales.

Desde México a NYC, desde Inglaterra a  Beijín, desde Finlandia a África del Sur, desde Bolivia hasta Chicago se están descubriendo, se están construyendo herramientas y metodologías que crean ambientes y contextos donde lo emocional y subjetivo es trabajado con seriedad. (Holzman, 2014) Estos esfuerzos van principalmente dirigidos a reiniciar el crecimiento y desarrollo emocional humano/a/humanístico/a.  Ambientes en los cuales los esfuerzos van claramente dirigidos  crear  crecimiento emocional individual y colectivo.

En estos espacios se están creando nuevas formas de vida – nuevas formas de hablar, de ser, de relacionarse, nuevas formas  de “necesidades y deseos”, nuevas formas de entender-, formas no montadas en las dinámicas de desigualdades (de género, de identidad sexual, de clase o raciales), sino construidas desde nuestra humanidad,  construidas no desde roles desiguales, sino  desde practicas igualitarias y comunales.

No cabe duda que este tipo de esfuerzo es difícil y complicado, nadie ha dicho que las transformaciones de esta profundidad son sencillas y fáciles. De hecho un esfuerzo de este tipo- la transformación del patriarcado-  es el proyecto más ambicioso, complejo y abarcador iniciado por la humanidad en su historia moderna. Este tiene que ser un proyecto individual y colectivo, donde todos y todas, niños y niñas, mujeres y hombres de todas las edades, grupos, identidades sexuales, colores y razas, en todos los espacios públicos/políticos, privados/personales,  asuman responsabilidad por la creación de los nuevos espacios, grupos, comunidades, ciudades, sociedades, por la creación de las nuevas esferas sociales y públicas; privadas y personales.

Con esta metodología quizás tenemos una real oportunidad de (jamaquear) revolucionar las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales (lo objetivo y subjetivo) que producen y reproducen nuestras sociedades y mundos, y de esta manera ir reconstruyendo mundos, nuevos montados en nuestra humanidad, creatividad positiva, democracia e igualdad ,  a la vez que vamos deconstruyendo e invalidado los mundos  que existen –lo viejo, el patriarcado con todas sus malas mañas ,abusos, autoritarismos y violencia- y que lamentablemente y en diferentes grados de responsabilidad hemos construido juntos.

Referencias

  • Fontania, Marta. ¿Que es el patriarcado?, Mujeres en Red. Marzo, 2008
  • Herrera, Coral. La crisis de la masculinidad y los nuevos hombres, La RED 21. Agosto, 2012
  • Holzman, Lois. El juego nos ayuda a crecer a cualquier edad,TEDxNavesink. 2015
  • Holzman, Lois. Performatory psychology, postmodern marxism, social therapy, zone of emotional Development.   Draft of four entries in T. Teo. (ed.) Encyclopedia of critical psychology. 2013
  • Holzman, Lois. Activating postmodernism in Theory & Psychology. February, 2006
  • Holzman, L. & Méndez R. (eds). Psychological Investigations: a clinician’s guide to social therapy, 2003
  • Newman, F. & Holzman, L. Unscientific Psychology: a cultural-performatory approach to understanding human life. 1996
  • Newman, F. & Holzman, Lois. ¡Todo el poder a quien se desarrolla!. ESI; 2003
  • Otero, Ivana. Mujeres y violencia. El género como herramienta de intervención. Política y Cultura; No 32. Enero, 2009, México

 

Ada Ivonne Vázquez

Ada Ivonne Vázquez

Ada Ivonne Vázquez es psicóloga. Nació en Puerto Rico y vivió por más de 25 años en Estados Unidos.En South West University, New Orleans, realizó sus estudios doctorales y en elInstituto de Psicoterapia y Normalización de Crisis, New York, sus estudiosde post grado.

Ejerció su profesión como docente por más10 años, además de mantener una práctica clínica por más de 15 años.Su área de especialización e investigación sonlos temas de género,particularmente la violencia contra las niñasy las mujeres.

De hecho, su tesis doctoral estuvo enfocada en el tema y se tituló "La terapia social como una efectiva metodología para prevenir la violencia familiar".

Además de su trabajo como feminista, le dedicó esfuerzos al trabajo comunitario en las comunidades afro-americanas y latinas enNYC, participando en esfuerzos organizativos relacionados con la garantía de los derechos democráticos de las comunidades pobres en la política deesa ciudad.

Actualmente reside en Ballenita, Santa Elena (Ecuador), donde se ha dedicado principalmente a la escritura literaria y al trabajo voluntario en organizaciones comunales y feministas.

Correo electrónico: ivonne100@aol.com
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Ada Ivonne Vázquez es psicóloga. Nació en Puerto Rico y vivió por más de 25 años en Estados Unidos. En South West University, New Orleans, realizó sus estudios doctorales y en el Instituto de Psicoterapia y Normalización de Crisis, New York, sus estudios de post grado. Ejerció su profesión como docente por más 10 años, además de mantener una práctica clínica por más de 15 años. Su área de especialización e investigación son los temas de género, particularmente la violencia contra las niñas y las mujeres. De hecho, su tesis doctoral estuvo enfocada en el tema y se tituló "La terapia social como una efectiva metodología para prevenir la violencia familiar". Además de su trabajo como feminista, le dedicó esfuerzos al trabajo comunitario en las comunidades afro-americanas y latinas en NYC, participando en esfuerzos organizativos relacionados con la garantía de los derechos democráticos de las comunidades pobres en la política de esa ciudad. Actualmente reside en Ballenita, Santa Elena (Ecuador), donde se ha dedicado principalmente a la escritura literaria y al trabajo voluntario en organizaciones comunales y feministas. Correo electrónico: ivonne100@aol.com

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1 comentario

  1. Vived 9 meses en NYC y aunque es una cidaud que este1 en USA no representa a USA. Ya habeda visto a las irlandesas e inglesas en pleno invierno en minifalda, sin medias y con escotazo. En NYC las vi ademe1s con tacones cuando nevaba. Al principio te choca pero nunca tuve claro si lo hacedan por coquetereda o por sumisif3n al hombre. Chicos y chicas bromeaban con los escotes de ellas y para nada se sentedan ofendidas. Ellas van orgullosas de su talla mayor de 100. Es me1s yo misma me sented me1s a gusto llevando determinados escotes que en Espaf1a implican miradas reprobatorias de tu madre y de todo el que se cruzara contigo.Luego este1 el tema del alcohol. En general se bebe para emborracharse, dejarse llevar y hacer todo lo que las normas de comportamiento cedvico establecido no te permite. Y esto va para hombres y mujeres.Pero sed, en la peledcula solo salen 4 mujeres. La primera novia, las asie1ticas -una insoportable- y los ligues de las fiestas de fraternidades. Ninguna tiene un papel protagonista pero es cierto que en el mundo informe1tico tampoco suele haber muchas mujeres y que esta basada en el libro y que los propios protagonistas han declarado que se han destacado cosas que en su momento no tuvieron importancia y al contrario. Quize1s el problema sea de la industria cinematogre1fica no sabe hacer peledculas sin sacar mujeres objeto.

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